..."Da verguenza mirarBenedetti.
los cuadros
los sillones
las alfombras
sacar una botella del refrigerador
teclear las tres letras mundiales de tu nombre
en la rígida máquina"...
Verguenza evasiva,
que se desgrana
en los sentidos
dormidos del centinela,
en los sentidos
dormidos del centinela,
¿y es acaso un centinela
inmune a la carga
solitaria del amor?
inmune a la carga
solitaria del amor?
No son tres,
las cuatro letras
universales de tu nombre,
las cuatro letras
universales de tu nombre,
que borradas y dibujadas
en mi agenda de versos
contiguos a la humanidad
en mi agenda de versos
contiguos a la humanidad
se distribuyen organizadamente
para torturarme.
para torturarme.
Y esta obsesión extraña
que he adquirido
por el blanco y negro
y por el sepia
que he adquirido
por el blanco y negro
y por el sepia
es sólo razón mía
para recordarte,
para homenajear
tu prolongada juventud
para recordarte,
para homenajear
tu prolongada juventud
que se filtra
por los agujeros de mis oídos
por los agujeros de mis oídos
porque ahora oigo tu aroma
y huelo tu voz aterciopelada
que cavando en mi razón
me induce a reflejarte
en mi mirada
me induce a reflejarte
en mi mirada
como si la razón
bastara para olvidar
bastara para olvidar
como si mis diez-mil adioses
bastan para decir adíos.
bastan para decir adíos.
Ahora bien,
me hallo aquí sentada
tecleando letra tras letra
me hallo aquí sentada
tecleando letra tras letra
como si en toda esta desarmonia literal
no te hallaras tú
no te hallaras tú
con todos tus nombres de cuatro letras.
Encontré la mitigación de mi pasión
dando tras pies para no seguir evocándote
en la escala de grises de mis poemas
en el lívido y cadavérico sepia de los adioses,
ya conoces tú mi verdad,
causa de mi impaciencia
y mi mirar anonadado de tus ojos;
-la vergüenza evasiva-
El silencio de la noche...
El silencio de la noche...
Bárbara Fernández.

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