Amanecí hoy con más ganas de respirarte,
de despertar y ver como despiertas en tu descanzo.
Amaneció y no escuché esta vez los pajaros cantar,
una tempestad que estremecía el corazón del cielo tocaba
[mi ventana.
Amaneció y la pasión con que te miran mis ojos
se ha convertido en llama que muere por consumar
[un roce tuyo.
Bárbara Fernández

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