marzo 20, 2011

Etsagell Legna

   


A Ricardo Antonio...

Y que iba a saber yo
 que esa mirada tuya iba a derretir 
en un instante mi coraza

Y que estos años llenos de instinto de defensa
no bastarían para librarme,
para huir,
para no enfrentarnos...

No bastó mi instinto de huir 
ante el peligro de la desnudes,
no de nuestros cuerpos, 
sino la desnudes del cielo,
mi cielo,
en el Alma.

Que iba a saber yo
 que tu lengua, látigo que me doblega,
que tu presencia, tu aroma que me inquieta,
iban a domesticarme,
y hacerme sentir por primera vez,
entre muchas primeras veces un ¡te quiero!.

Que las horas se van como la arena del mar entre las manos,
que Bendigo a Dios por tus labios tan cercanos,

Que tú aunque has experimentado todo
 nada has experimentado,
porque no conociste amor sin tocarlo con las manos,
el amor no se toca, se siente y se vive amor,
Son dos caminando libres, libres para el Señor,

Que nuestro romance sea así:

Libre Libre ¡Libre!

Libre para vivir y ser feliz...

Seamos amantes, como en los tiempos de la creación,
dos personas que se aman sin mirar distinción...

Que no halla egoísmo, guerra ni falsedad,
no caigamos en bajezas, queriéndonos en libertad....

Haz llegado oportuno, rápido, sin avisar 
y hasta yo misma me sorprendo

¿Cómo llegaste a entrar?

No importa tantas preguntas me confunden,
vamos a vivir esto porque en el amor Dios nos une,

Ángel no me sueltes, 
abrázame siempre así
y que esta certeza que siento 
se convierta en mi frenesí.

Ángel Llegaste...


Bárbara Andreina.

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Versos Otoñales

Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas,
he sentido el otoño; sus achaques de viejo
me han llenado de miedo; me ha contado el espejo
que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas...

¡Que curioso destino! Me ha golpeado a las puertas
en plena primavera para brindarme nieve
y mis manos se hielan bajo la presión leve
de cien rosas azules sobre sus dedos muertas

Ya me siento invadida totalmente de hielo;
castañean mis dientes mientras el sol, afuera,
pone manchas de oro, tal como en primavera,
y ríe en la ensondada profundiad del cielo.

Y lloro lentamente, con un dolor maldito...
con un dolor que pesa sobre mis fibras todas,
¡Oh, la palida muerte que me ofrece sus bodas
y el borroso misterio cargado de infinito!

¡Pero yo me rebelo!... ¿Cómo esta forma humana
que costó a la materia tantas transformaciones
me mata, pecho adentro, todas las ilusiones
y me brinda la noche casi en plena mañana?

Alfonsina Storni

Ofelia

Ofelia
Arthur Hughes, ca. 1863 - 64. Óleo en lienzo