Fue una mañana efímera,
la que me llevó paso a paso
a tu laberinto de verdades,
la que me sedujo,
lenta y eficaz,
La que me mantuvo firme, inerte,
mirándole a los ojos,
Tú, sin genero,
dispuesta a darte sin reservas,
a revelar tus misterios,
a descubrir tus secretos,
para quienes te sepan vivir,
Tú, que me incitaste,
ofreciéndome orgias orgásmicas,
de placeres celestiales,
entre sueños y vibraciones
de cuerdas, de metales, de texturas,
entre un sentir de almas,
que sueñan, que viven , que renacen...
Recorriendo tu alma
con sus venas y avenidas
estuve amando tus recuerdos,
los besos que me diste,
los abrazos, las sonrisas,
las locuras acuestas hasta la estación del metro,
los sueños que velaste,
las iras que apagaste,
el llanto que absorbiste
cuando caía desorbitado en tu suelo,
Estuve,
Oliendo y haciéndole el amor a tus paredes,
perpetuando cada gesto, cada detalle,
No sé si volveré, a verte, a amarte,
no sé si podré devolverte todo lo que me diste,
pero no debe hacerte falta,
Así eres tú,
te entregas a quienes te saben vivir,
No serán escasos nunca los recuerdos
los suspiros que me robaste,
el aire que me brindaste,
las ansias que me calmaste,
las experiencias que me diste...
Ah Caracas,
hacía tiempo que quería amarte con un poema...
Bárbara Fernández.

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