agosto 27, 2011

¡La Valiente!


 Antes que el mundo acabe, 
en un grito desesperado,
 gritarán mis ojos,
 y mis manos 
en esta conjugación de palabras 
mil motivos, 
mil razones,
 para no nombrarte
 y que no me nombres.
 Razones no para sentirte
 sino para respirarte...
 El mundo no detendrá su devastación
 por las poéticas de nadie,
 pero quizá si dure más mi vida al venerarte... 
No cambiará al mundo un poema, 
pero quizá lo haga más vivible, 
más humano, 
libre para amar,
 para dar sin esperar...

Debes seguir creyendo

A Aidi Asem
mi dulce pequeño
 que aun con 8 años 
acaba de nacer...



-Mi querido Aidi, debes seguir creyendo,
 porque el sol cree cada día
cuando la noche abraza al mundo,
 él cree...
en el mañana que vendrá y su luz brille de nuevo.

Debes seguir creyendo,
porque las estrellas creen,
cuando alguien rompe una promesa hecha en su nombre
ellas creen que nacerán almas nuevas para cumplirlas...
Debes seguir creyendo,
 porque la lluvia cree,
cuando cae su peso desorbitante sobre la tierra,
cuando con la brisa arranca todo y recibe maldiciones...

Por eso debes seguir creyendo, 
porque son necesarias todas estas cosas
 para seguir creyendo...

Porque el sol después de la noche brilla,
porque las estrellas a pesar de la desilusión brillan,
porque la brisa y la lluvia a pesar de las maldiciones
siguen brindando vida...

Mi  pequeño
debes seguir creyendo
porque aun cuando duermes
 Liasi no se aparte de ti...


Aidi Asem: De origen Indú que significa Principio Eterno.




La Valiente.

Versos Otoñales

Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas,
he sentido el otoño; sus achaques de viejo
me han llenado de miedo; me ha contado el espejo
que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas...

¡Que curioso destino! Me ha golpeado a las puertas
en plena primavera para brindarme nieve
y mis manos se hielan bajo la presión leve
de cien rosas azules sobre sus dedos muertas

Ya me siento invadida totalmente de hielo;
castañean mis dientes mientras el sol, afuera,
pone manchas de oro, tal como en primavera,
y ríe en la ensondada profundiad del cielo.

Y lloro lentamente, con un dolor maldito...
con un dolor que pesa sobre mis fibras todas,
¡Oh, la palida muerte que me ofrece sus bodas
y el borroso misterio cargado de infinito!

¡Pero yo me rebelo!... ¿Cómo esta forma humana
que costó a la materia tantas transformaciones
me mata, pecho adentro, todas las ilusiones
y me brinda la noche casi en plena mañana?

Alfonsina Storni

Ofelia

Ofelia
Arthur Hughes, ca. 1863 - 64. Óleo en lienzo