septiembre 11, 2015

Aidi Asem, mi historia. (Capitulo 1)

Presente
-Sé  que lo que piensas ahora te arrebata la cordura, la calma, la paz, sé que estas exhausta, de justificarme, de tratar de entenderme, de sacrificarte, sé que esto te ha hecho mucho daño, sé que esto te está matando aunque el desahuciado sea yo,  y ese es el dilema, que aunque siempre el enfermo he sido yo, esto nos está matando a ambos


2 años atrás

Esta es mi historia, a los 25 años, tenía una vida normal, era el mejor fotógrafo de la región, tenía una familia excepcional y estaba a punto de casarme. Eso de llegar casto al matrimonio no era fácil, pero los valores  humanos y cristianos que me inculcaron mis padres me enseñaron a esperar y a escoger a la mujer  adecuada, ella siempre dulce, con un alma clara y llena de ímpetu,  amable, valiente, cariñosa, perseverante y de carácter sereno e inmutable.

Una mañana de esas, en que salíamos, le tomaba fotos como de costumbre a todo, quería perpetuar cada instante junto a ella… La dejé en el trabajo, era su pasión esos niños en la escuela. Fui luego por un café, y decidí ir al Parque Nacional para fotografiar algunas aves.

Estoy adentrado en el bosque, me detengo, fijo la mirada y estaba allí: “El Búho Nomi”, el único animal de esta especie que puede ser visto de día.  Subo la cámara con precisión, cuidando cada movimiento para no hacer ruido, evitando que me vea,  todo perfectamente  preparado y justo cuando voy a apretar el botón, suena mi celular, y enseguida salió volando la particular ave, perdido todo el esfuerzo, contesto la llamada:

-Aidi! ¿Dónde has estado?, te hemos llamado todo el día, es tu papá, estamos todos en el hospital central, tuvo un accidente, está gravemente herido y necesita donantes.

… Se detuvo el tiempo, la respiración, todo de repente estaba blanco, palidecí, me paralice y de repente un sonido estremecedor hizo que volviera en sí:  “EL Búho Nomi” ululando…

Salí apenas pude de aquella espesa  maleza, supe en seguida que yo era el único posible donante, soy una de esas pocas personas  ORH- donante universal.

Llegué al hospital y enseguida entré por emergencia, todos los trámites estaban casi listos cuando llegué, sólo faltaba que yo llegara, me sentara y extendiera mi brazo. Y así fué, todo corrió con normalidad, excepto el sin números de torpezas que cometía una y otra vez la novata enfermera, a veces me parecía la única de turno, atendiendo 4 ,5 ,6  pacientes casi a la vez… No me importaba, solo pensaba, en mi padre, en la sangre y en su salvación.

Algunas horas después nos informaron que mi papa estaba estable… con rehabilitaciones y cuidados pronto estuvo en casa  y yo  tome su lugar en el hospital… Semanas después de lo de papá, decidí hacer una nueva donación, no paraba de pensar en las tantas personas que mueren por falta de donantes, esta vez luego de los exámenes de rutina que descartan alguna infección o enfermedad, no me pasaron directo a la sala de donantes, me mantuvieron en espera como por media hora, luego  llego un doctor de esos mal encarados pero de buen corazón, comenzó a realizarme preguntas de mi actividad sexual , le dije que a mis 25 años sólo vivía de la masturbación matutina, pero que estaba pronto a casarme y eso cambiaría. Me miró incrédulo, pero al ver que no me inmuté, prosiguió con otras preguntas… Cuántas veces había donado sangre y cuándo fué la última vez que lo hice… Le conté lo de papá y lo de Marianella, una compañera de secundaria que a los 15 años fue brutalmente golpeada por su padrastro y casi muere desangrada y con varias órganos gravemente dañados.

Seguimos hablando como medio minuto más, hasta que interrumpí y le pregunté:

- ¿Qué es lo que pasa?

Me miro fijo a los ojos por un instante y sin más habló:

-Eres VIH +

…Jamás olvidaré ese momento, ni los próximos 5 minutos de absoluto silencio en aquella oficina de hospital…

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Versos Otoñales

Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas,
he sentido el otoño; sus achaques de viejo
me han llenado de miedo; me ha contado el espejo
que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas...

¡Que curioso destino! Me ha golpeado a las puertas
en plena primavera para brindarme nieve
y mis manos se hielan bajo la presión leve
de cien rosas azules sobre sus dedos muertas

Ya me siento invadida totalmente de hielo;
castañean mis dientes mientras el sol, afuera,
pone manchas de oro, tal como en primavera,
y ríe en la ensondada profundiad del cielo.

Y lloro lentamente, con un dolor maldito...
con un dolor que pesa sobre mis fibras todas,
¡Oh, la palida muerte que me ofrece sus bodas
y el borroso misterio cargado de infinito!

¡Pero yo me rebelo!... ¿Cómo esta forma humana
que costó a la materia tantas transformaciones
me mata, pecho adentro, todas las ilusiones
y me brinda la noche casi en plena mañana?

Alfonsina Storni

Ofelia

Ofelia
Arthur Hughes, ca. 1863 - 64. Óleo en lienzo