septiembre 12, 2015

Aidi Asem, mi historia (Capitulo 2)


Presente:

-Déjame ir Leonissa, tener vida no es estar vivo, es mirar con esperanza el mañana, tener sueños, proyectos, luchar por ellos, sonreír cada mañana porque despiertas enamorado de quienes te rodean y de lo que haces. ¡¡Mírame!!, quién puede vivir sonriendo matando lentamente a quienes ama, los estoy matando, a ti a papá, a Marianella… Todos alrededor de mí, atendiéndome, alimentándome, esterilizando todo, gastando sus vidas para prolongar la mía, que al fin y al cabo estará declinando en cualquier momento. Busca a alguien  a quien amar, y con quien puedas realizar tu sueño de vida, es lo que mereces…

Fueron éstas las últimas palabras que le dije, aquella noche.

Ella quedó mirando mis ojos en silencio, no pronunció ni una palabra, mas supe que en ese silencio me gritaba su amor.

Tomó una nota plegable escribió algo, y lo dejó pegado en la puerta al salir.

Más tarde al verlo, decía:

“Que estés con vida es mi sonrisa de cada mañana”.


Esa noche lloré como un niño, las lágrimas salpicaban todo, mi rostro, mis manos,  en verdad me amaba, y su vida brillaba con más valor porque extendía la mía,  me veía, me acariciaba, ella sonreía por mí, porque a pesar de todo aun vivía, y también la miraba. Todo lo que tocaba se acomodaba como lugar perfecto para gemir y seguir llorando y sollozando hasta lograr dormir…

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Versos Otoñales

Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas,
he sentido el otoño; sus achaques de viejo
me han llenado de miedo; me ha contado el espejo
que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas...

¡Que curioso destino! Me ha golpeado a las puertas
en plena primavera para brindarme nieve
y mis manos se hielan bajo la presión leve
de cien rosas azules sobre sus dedos muertas

Ya me siento invadida totalmente de hielo;
castañean mis dientes mientras el sol, afuera,
pone manchas de oro, tal como en primavera,
y ríe en la ensondada profundiad del cielo.

Y lloro lentamente, con un dolor maldito...
con un dolor que pesa sobre mis fibras todas,
¡Oh, la palida muerte que me ofrece sus bodas
y el borroso misterio cargado de infinito!

¡Pero yo me rebelo!... ¿Cómo esta forma humana
que costó a la materia tantas transformaciones
me mata, pecho adentro, todas las ilusiones
y me brinda la noche casi en plena mañana?

Alfonsina Storni

Ofelia

Ofelia
Arthur Hughes, ca. 1863 - 64. Óleo en lienzo