Presente:
-Déjame ir
Leonissa, tener vida no es estar vivo, es mirar con esperanza el mañana, tener
sueños, proyectos, luchar por ellos, sonreír cada mañana porque despiertas
enamorado de quienes te rodean y de lo que haces. ¡¡Mírame!!, quién puede vivir
sonriendo matando lentamente a quienes ama, los estoy matando, a ti a papá, a
Marianella… Todos alrededor de mí, atendiéndome, alimentándome, esterilizando
todo, gastando sus vidas para prolongar la mía, que al fin y al cabo estará
declinando en cualquier momento. Busca a alguien a quien amar, y con quien puedas realizar tu
sueño de vida, es lo que mereces…
Fueron éstas
las últimas palabras que le dije, aquella noche.
Ella quedó
mirando mis ojos en silencio, no pronunció ni una palabra, mas supe que en ese
silencio me gritaba su amor.
Tomó una nota
plegable escribió algo, y lo dejó pegado en la puerta al salir.
Más tarde al
verlo, decía:
“Que estés con vida es mi sonrisa de cada mañana”.
Esa noche lloré
como un niño, las lágrimas salpicaban todo, mi rostro, mis manos, en verdad me amaba, y su vida brillaba con
más valor porque extendía la mía, me
veía, me acariciaba, ella sonreía por mí, porque a pesar de todo aun vivía, y
también la miraba. Todo lo que tocaba se acomodaba como lugar perfecto para
gemir y seguir llorando y sollozando hasta lograr dormir…
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