septiembre 12, 2015

Aidi Asem, mi historia (Capitulo 3)



La mañana siguiente como de costumbre seguí mi rutina de desayuno, comida saludable, y antiretrovirales. Subí a ducharme, y desnudo con el agua cayendo sobre mi cabeza, sumergido en pensamientos entré en una especie de trance, sentía que mi cuerpo flotaba, ya pasando el susto y la incredibilidad, me dejé llevar, me sentía ligero capaz de llegar donde quisiera...

Al abrir los ojos quedé atónito, realmente estaba flotando, y recorría la ciudad, cuando de repente me vi, si, ¡me vi!, caminado como cualquiera de mis días deprimido, mal humorado, irritable con las atenciones de todos, hiriendo los lazos de amor de ella… Entonces sentí un jalón fuerte desde el piso, temblaba y todo caía, los edificios, las casas, el piso comenzó a abrirse, y la gente gritaba desesperada,  muchos muriendo a causa del impacto de algunos objetos y pedazos de escombros. Desesperado la busqué y no la hallaba en medio de tantas personas corriendo y gritando de aquí para allá, luego de voltear la mirada la vi, allí tirada llena de sangre con uno de esos escombros encima.

Sin más salí de aquel trance, con el corazón acelerado y lagrimas en los ojos, con ese afán y ese miedo por no querer perderla…
Tratando de calmarme y luego de vestirme me senté en el sofá a esperar que llegara, siempre a las 9.00am estaba ahí tocando la puerta para venir a verme. Prendí la tele, y cambiando los canales al fin lo dejé en las noticias, puro blablablá de sucesos, economía, chisme de famosos… Sonó la puerta y al mismo tiempo fue cuando salió el avance sismológico de un posible sismo que se esperaba en las próximas semanas de una magnitud mayor a 7.0. Volvieron a tocar, abrí la puerta y era ella, la tome del brazo y la hale hacia a mi, cerré la puerta, y la recosté contra la pared, la acaricié, la vi, la besé profundamente, sentí su olor, su espalda, sus muslos y la seguí besando, le dije entre sus labios que volveríamos a ser felices como antes, que me perdonara, y que todo iba a cambiar.

Ese día me perfumé, salimos, sonreí, le compré flores, le recité poemas, la besé muchas beses como no la había besado durante estos dos años.
Luego de saber que era VIH positivo, no la volví a tocar, aunque ella me insistía que no le importaba, que había muchas parejas que vivían así, yo quería protegerla, del virus, de mí…

Al atardecer la llevé a un campo donde podía verse, el cielo abierto, las nubes, la luna y las estrellas. Llevaba todo preparado la manta, el vino, más rosas, sobre todo mi corazón dispuesto a amarla a pesar de todo, a pesar de mi…
Ella, de cabellos largos y castaños, con su tez blanca, volvió sus ojos a mí, cafés, penetrantes, de esos que quitan el sueño, y me dijo:

-Durante estos 2 años, he permanecido junto a ti, demostrándote mi amor, que va más allá de esta vida, de ti solo he recibido muchos desplantes y maltratos, y los he entendido cada uno de ellos, porque cada mañana sonrío afortunada porque puedo contemplarte vivo, incluso más allá de ti mismo ¿Por qué esperaste hasta ahora?

Me quedé mirándole, sentía que ninguna palabra podría explicar lo que pasaba, lo que sentía y en medio de ese silencio, ya con ojos irritados y llorosos contesté:

-Es que solo hasta ahora descubrí, que mi vida se sostiene de tu amor. Hasta ahora vi, que para cada una de mis palabras hirientes, tú tenias una sonrisa, para cada una de mis quejas, tú te fijabas en mis ojos con una mirada esperanzada en mí… Descubrí Leonissa, que se está vivo para vivir, y que es una fortuna que tú estés a mi lado.

Nos abrazamos, y tiernamente besé su frente, luego un largo beso me unió a sus labios, nos seguimos besando, acariciando… le pregunté si en medio de todo quería que estuviéramos juntos, si quería olvidarse del mundo y entregarnos por primera vez allí, si quería que en ese instante hiciéramos el amor.

Me miró sonrojada y me dijo que no, recogió las cosas y fue cuando supe que debía llevarla a su casa. Al llegar me pidió que bajáramos a seguir charlando un rato. Accedí y entramos, ella  subió a su habitación y bajo con algunas cosas, luego colocamos una película que vimos los primeros 10 minutos, luego se volteó y comenzó a besarme, besos que le respondí con ternura, con mis manos dentro de sus cabellos, seguimos y fuimos aumentando el ritmo, ella se detuvo y mostrándome una bolsa de preservativos dijo:

-Aquí sí.


Subimos a su cuarto y tomamos una ducha juntos, entre besos y gemidos el jabón era lo menos importante. Salimos de allí, y nos secamos entre juegos, besos y risas caímos en la cama, el silencio nos envolvió, nos dejamos llevar por los besos, nunca había sentido su cuerpo así tan frágil, desnudo clamando a mi que le hiciera suya a través de cada uno de sus poros, yo estaba nervioso, pero ningún pensamiento pudo apartarme de ese momento. Me susurró al oído que me amaba, y yo me acerqué cuidadosamente a su boca, dejando los labios entre abiertos comencé a suspirarle la vida, el aliento, sentía que podía rozarle el alma con mis labios, y así tiernamente apasionados nos dejamos llevar hasta el amanecer…

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Versos Otoñales

Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas,
he sentido el otoño; sus achaques de viejo
me han llenado de miedo; me ha contado el espejo
que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas...

¡Que curioso destino! Me ha golpeado a las puertas
en plena primavera para brindarme nieve
y mis manos se hielan bajo la presión leve
de cien rosas azules sobre sus dedos muertas

Ya me siento invadida totalmente de hielo;
castañean mis dientes mientras el sol, afuera,
pone manchas de oro, tal como en primavera,
y ríe en la ensondada profundiad del cielo.

Y lloro lentamente, con un dolor maldito...
con un dolor que pesa sobre mis fibras todas,
¡Oh, la palida muerte que me ofrece sus bodas
y el borroso misterio cargado de infinito!

¡Pero yo me rebelo!... ¿Cómo esta forma humana
que costó a la materia tantas transformaciones
me mata, pecho adentro, todas las ilusiones
y me brinda la noche casi en plena mañana?

Alfonsina Storni

Ofelia

Ofelia
Arthur Hughes, ca. 1863 - 64. Óleo en lienzo